Hubo una época en la que para cierto sector de la gente escuchar música mexicana era casi algo que tenías que justificar. Podrías traer tu playera de una banda que grabó tres demos y tocó en los spots mas escindidos de CDMX (Te extraño claveria 22) hablar de una banda de mathrock, surfgarage o emo-core. Pero ponías una canción con acordeón, tuba o requinto y de pronto aparecía alguien dispuesto a explicarte por qué eso “no era música para ellos”.
Porque durante los últimos años la música regional mexicana dejó todavía más claro algo que siempre estuvo ahí: puede evolucionar, mezclarse, viajar por el mundo y hablarle a una generación completamente distinta sin dejar de sonar a México.
Y festivales como el ARRE 2026 importan precisamente por eso.
Del corrido tumbado al morro que también escucha posponk ruso
Los corridos tumbados fueron quizá quienes terminaron de derribar la barrera. Una generación tomó guitarras, requintos y estructuras conocidas, pero comenzó a escribir y producir desde otro lugar. Hacen cosas increíbles, desde su voz, su identidad; cambian la ropa, los códigos, algunas historias y hasta la manera de cantar. Después llegaron las discusiones de siempre sobre si eso “seguía siendo regional” o si estaba arruinando algo. “Envidia le dicen en mi pueblo”
Y hablando de compás, los que critican son los que pensamos menos objetividad tenian para criticar, pero mira chica yo no juzgo.
El Tiny Desk también terminó usando botas
Sin dudas, a muchos aún les causa molestía decir o entender que la música regional esté en lugares y posiciones que el rock o género que le guste no haya logrado. Hay un tema muy político y social en eso, pero dejemoslo para otra nota.
DannyLux llegó al Tiny Desk en 2023 el sierreño ya se hacía presente y la gente se quejó, ¿Saben quienes? exacto los mexas. Después, Grupo Frontera apareció en 2025 llevando norteño, cumbia y canciones de desamor al pequeño escritorio de NPR. Carín León también ha utilizado el formato para enseñar hasta dónde puede estirarse el regional cuando conversa con country, blues y otros sonidos.
Y ahí sucede algo importante.
El recibimiento por parte de quienes siguen el canal fue tremendo, excelentes críticas, momentos específicos que no te hacen pensar o cuestionarte si en realidad si sabes algo de música. De pronto resulta bastante complicado sostener ciertas ideas viejas sobre la antes y mal llamada “Música agropecuaria” cuando tienes enfrente músicos cabrones demostrando exactamente de qué están hechas esas canciones.

ARRE no debería ser una anomalía
Por eso me parece importante que exista un festival como ARRE.
Este 5 y 6 de septiembre, el Autódromo Hermanos Rodríguez reunirá generaciones y maneras completamente diferentes de entender la música mexicana: desde Alejandro Fernández, Los Tucanes de Tijuana y Banda MS hasta Gabito Ballesteros, Eslabón Armado, Herencia de Patrones y un montón de propuestas alrededor de la cumbia, el sierreño y otros caminos del regional. Y no como escenario secundario dentro de otro festival.
Ese detalle parece pequeño, pero no lo es.
Durante mucho tiempo hubo quienes parecían relacionar estos sonidos únicamente con determinados lugares, generaciones o contextos. Hoy puedes encontrar a alguien de veinte años escuchando corridos tumbados, a otro descubriendo norteño por Tucanes de Tijuana y a un treintón con tatuajes emo cantando Banda MS después de jurar durante quince años que esas cosas jamás le iban a pasar.
La música mexicana no necesitaba convertirse en otra cosa para tener valor.
Lo interesante es que finalmente estamos viendo más espacios capaces de mostrar todo lo que puede ser al mismo tiempo: tradicional, extraño, romántico, nuevo, popular, triste, excesivo, experimental y profundamente nuestro.
Por eso el ARRE importa, no porque venga a salvar al regional mexicano el regional nunca necesitó que lo salvaran.
Más bien porque tenemos, por fin, un festival enorme donde puede presumir todo lo que lleva décadas siendo. Y como alguien que ha pasado demasiado tiempo escuchando hombres con guitarras llorar porque una morra los dejó, solo puedo decir una cosa: resulta que nunca estuvimos tan lejos del regional mexicano.
Nomás nos faltaba dejar de jugar al alternativo
