Treinta años después de su formación, Lost Acapulco sigue demostrando que no necesita seguir tendencias para mantenerse vigente. El pasado 3 de octubre celebró su historia en el Teatro Metropólitan.
Hay bandas que pasan toda su carrera intentando encontrar una identidad y otras que, desde el principio, ya tienen construida su identidad. Lost Acapulco pertenece a las segundas.
Una noche en playa satán
El pasado sábado 3 de octubre, llegaron al Teatro Metropólitan para celebrar 30 años de trayectoria con un concierto que convirtió el recinto en ”Playa Satán”. Una noche de surf, garage, máscaras y referencias a esa cultura popular que ha acompañado a la banda desde sus inicios.
Porque hablar de Lost Acapulco no es solamente hablar de música instrumental. Es hablar de películas de ciencia ficción, monstruos, lucha libre y una estética que podría parecer absurda para quien no conoce a la agrupación, pero que tiene todo el sentido dentro de su universo.

La cultura de lost acapulco
Durante el concierto, esa identidad estuvo presente en las pantallas, donde aparecen robots, dinosaurios y extraterrestres mientras las guitarras se encargaban del resto. El repertorio recorrió distintas etapas de su carrera con canciones como “Las Brisas”, “El Garage de Gina Monster”, “Por un Tubo”, “Surf Mongol”, “Acapulco Golden” y “Frenesick”.

El reconomiento a la leyenda
Uno de los momentos más importantes de la noche llegó cuando Leonardo de Lozanne subió al escenario para entregar un Disco de Oro relacionado con las más de 20 millones de reproducciones digitales de Acapulco Golden, álbum publicado en 2004.
Pero la celebración tampoco se trató únicamente de recordar lo que hicieron hace veinte o treinta años. Canciones como “Death by Robots” y “Sunami Mami” dejaron claro que Lost Acapulco continúa haciendo música y que todavía tiene cosas por decir, incluso sin utilizar palabras.
En una industria donde muchas propuestas parecen construirse alrededor de lo que funciona en redes sociales, Lost Acapulco lleva tres décadas haciendo prácticamente lo contrario: desarrollar una identidad propia y mantenerse fiel a ella.

Eso no significa que todo tenga que permanecer igual, sino que una banda puede evolucionar sin perder aquello que la hizo diferente.
Lo del Metropólitan fue una celebración de su historia, pero también un recordatorio de que el rock mexicano tiene propuestas que han sobrevivido a generaciones, modas y cambios dentro de la industria.
Treinta años, máscaras y guitarras. Lost Acapulco sigue aquí, y no parece tener intención de detenerse.
